martes, 12 de febrero de 2008

Bitácora de un ajedrecista

La mayoría de los profesores o técnicos de ajedrez enseñan a ganar o conseguir resultados, pero cuando algunos hablan de que se debe "enseñar a perder" muchos se encogen de hombros o piensan simplemente que se trata de una actitud mediocre. Lo que está claro, es que cuando se trabaja con niños o jóvenes, más que crear campeones se está formando mejores personas, aunque parezca de cliché la frase.
Existen varias anécdotas famosas en relación a malos perdedores, pero quizás una de las más conocidas es aquella que se cuenta de una partida jugada en Hasting en 1895 entre Steinitz y Bardeleben, donde el segundo jugador al ver que estaba en una posición de mate forzado se paró y salió de la sala de torneo sin decir una palabra. Poca caballerosa actitud, pero por suerte y deleite de los aficionados presentes el primer campeón mundial oficial demostró como hubiese terminado el juego.
En mi experiencia personal me sucedió una anécdota similar a la anterior. A la edad de 17 años derroté en partida de torneo a un fuerte Maestro Internacional, quien actualmente ostenta el título de Gran Maestro. La reacción de éste al verse acorralado fue salir del salón de juego al más puro estilo Bardeleben sin darme la mano ni firmar la planilla de anotación de jugadas. Esto demuestra que la deportividad o el llamado fair play no se encuentra en directa relación con el nivel de juego de las personas.
Hay otro tipo de jugadores que siempre tiene alguna excusa al momento de perder una partida: "Que me dolía la cabeza", "que el sol me daba en la cara", "que iba a tomar otra pieza, pero agarré otra" son algunas de las excusas más frecuentes y no reconocen nunca que simplemente su rival jugó mejor. Este tipo de personas debería practicar ajedrez cuando no tengan ningún tipo de problema que les permita jugar mejor, o sea, nunca.
En relación a lo anterior, una historia que siempre recuerdo y me saca una sonrisa fue cuando después de haber finalizado una partida y derrotar a mi rival de turno en un campeonato éste me mira seriamente y me reclama indignado diciendo "¡me ganaste porque me equivoqué!" a lo que le respondo que claro, que de eso se trata el juego, que quien se equivoca usualmente suele perder.
Al escribir el presente artículo quise volver a revisar un viejo pero querido libro llamado "Conocimientos Básicos de Ajedrez" escrito por Julio Ganzo. Leí este texto como a la edad de 15 años y me ayudó mucho, quizás no tanto en la parte técnica, pero me impactó bastante uno de los capítulos finales que el autor tituló como "Deontología ajedrecística" donde habla del tema de aprender a perder. En ese entonces, yo me ponía bastante mal frente a las derrotas y no aceptaba muy bien el hecho de perder una partida, pero aquel capítulo del libro de Ganzo me hizo meditar mucho al respecto. Para que quede más claro los dejaré con las propias palabras del autor: "Por eso el primer deber de todo buen aficionado es aprender a perder. Y solamente cuando esta lección esté bien sabida, sólo entonces, puede comenzarse el aprendizaje para ganar. Un juego de la categoría del ajedrez requiere cortesía en todo momento, extremándola cuando hay que reconocer los hechos adversos. Hay que saber perder con la sonrisa en los labios, reconociendo que en esta ocasión ha sido superado por su rival y felicitando al adversario deportiva y caballerosamente por su victoria."
Desde entonces comprendí que malas actitudes no ayudaban mucho a superarse como jugador y decidí cambiar. Hay que asimilar que por muy buen nivel que se tenga, siempre puedes ser superado por alguien y cuando sucede eso hay que aceptar la derrota con humildad y caballerosidad, sólo así se puede llegar a disfrutar completamente de este noble juego que es el ajedrez.